El camino del disruptor: Frecuencia y severidad parte III

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Por: Oscar González Legorreta, Managing Partner de InSureMate

Continúa el diálogo entre los monjes, maestro y aprendiz, conversando sobre disrupción

  • El aprendiz: Maestro, creo que ya entendí al fin, a qué refiere este asunto de la severidad en un problema. Creo que nuestras dos conversaciones previas me lo han dejado claro. Supongo que el tema de la frecuencia es más sencillo, ¿es así?
  • El maestro: ¡Ay mi joven aprendiz! Es precisamente esta obsesión de tu generación por lo sencillo, la que mejor impulsa la innovación y la disrupción. Eso es una gran noticia y más, en el entorno de nuestras conversaciones. Esa búsqueda obsesiva por lo más sencillo es una gran palanca, que puedes y debes aprovechar. Pero no, no necesariamente el concepto de la frecuencia es más sencillo.
  • El aprendí: Maestro, ¿qué es lo que entenderíamos por frecuente?
  • El maestro: ¡Exactamente! Has dado en el blanco. Ese es el centro del dilema. No hay una medición absoluta de frecuencia. Es más bien una medida relativa. Relativa a la actividad de la que se trate el tema o el problema, en este caso. Déjame explicarlo así. Si la actividad de referencia es muy repetitiva en la vida de tu prospecto, una alta frecuencia del problema debe estar referida a ello. Digamos, aquellos que somos bendecidos y comemos tres veces al día, lo estamos haciendo poco más de mil veces en un año. ¿qué porcentaje de las veces que se presente un problema a resolver, en tu ingesta de alimentos, considerarías frecuente? ¿Un par de veces al año?
  • El aprendiz: ¡No, claro que no maestro! Pero tal vez, ese problema sea muy grave.
  • El maestro: No te confundas muchacho. La gravedad es la severidad. Hablamos de la frecuencia. Si el problema es gravoso, pero poco frecuente, no te preocupará su resolución y sobre todo, lo que acostumbres hacer para resolverlo, es lo que usarás y hacerte cambiar de solución será difícil, por la ya discutida resistencia al cambio. Voy a exagerar, para ilustrar. Si hay algo que te incomoda y mucho -un tema severo- pero sólo ocurre en cada cumpleaños que celebras, difícilmente harás algo para cambiarlo. Convocar y confirmar a muchos invitados, por citar un ejemplo hipotético. Es algo que puede irritarte, incluso hasta empañar tu goce, pero una vez superado tienes un poco menos de 364 días para olvidarlo o ignorarlo. Al menos, hasta el próximo onomástico.
  • El aprendiz: Entiendo. ¿Entonces cuál es el porcentaje? ¿20%? ¿50%?
  • El maestro: En este bonito proceso de prueba y error, del que hemos conversado otras veces, deberás encontrar el sutil equilibrio, que depende de la severidad del problema y la frecuencia con la que se presenta. No hay una formula matemática. Sí una lógica. Si el problema es extremadamente severo, puede no ser tan frecuente y aun así te interesará resolverlo. En contraste, si es un problema no tan severo, pero extremadamente frecuente, despertará también tu interés por buscar alternativas de solución. Podemos seguir abundando en esto, pero creo muchacho que podemos ya arribar al siguiente tópico: La frustración.

Este diálogo continuará…

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