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Oscar Durán García es fundador de Xtrategia, estudio de innovación y productos digitales potenciado por IA, y cofundador de Loopi.tech. Con más de 20 años en estrategia de producto, en startups y corporativos, ha liderado procesos de transformación para compañías como Google, Spotify, McDonald’s, grandes Bancos y corporativos de la región. Profesor de Innovación e IA aplicada en el CESA (Colombia), ha formado a más de 1.000 profesionales en adopción de inteligencia artificial. MBA del CESA y Carleton University (Canadá).
Déjame adivinar: ya probaste ChatGPT o Claude. Le pediste que te escribiera un correo, que te resumiera un documento, tal vez que te armara un plan de marketing. Y después de unas semanas pensaste: “Esto es básicamente un Google con esteroides!!!”
No te culpo. Esa fue mi experiencia inicial también hace un par de años. Y es exactamente la trampa en la que caen la mayoría de los profesionales y líderes hoy.
El problema no es la IA.
El problema es que la estás tratando como una máquina expendedora: metes una instrucción, sacas un resultado, y sigues con tu vida.
Eso es usar la IA. Pero no es pensar con la IA.
El punto de inflexión
Hay un momento, y si aún no te ha pasado, te va a pasar, en el que la relación cambia. Es cuando dejas de decirle “escríbeme esto” y empiezas a decirle “ayúdame a pensar en esto”.
La diferencia parece sutil, pero es un cambio de paradigma.
Geoff Woods, en su libro The AI-Driven Leader, lo plantea con gran claridad: la mayoría de líderes están atrapados en lo que él llama agobio operativo, apagando incendios, respondiendo correos, atendiendo lo urgente, y la IA podría ser el puente hacia lo que realmente importa: la claridad estratégica.
Pero solo si dejas de usarla como asistente y empiezas a tratarla como lo que puede ser: un socio de pensamiento disponible 24/7.
Woods lo pone en términos simples: tú eres el líder de pensamiento, el que define la dirección, la visión, el criterio.
La IA es el socio de pensmaiento, el que te ayuda a elaborar, cuestionar y ejecutar. Compositor y director de orquesta. Uno sin el otro no suena bien.
La prueba está en quien la usa diferente
Últimamente vengo observando en mis programas de formación algo que es muy interesante y hasta contraintuitivo: las personas que logran resultados extraordinarios con IA no son las que hacen mejores prompts.
Son las que construyen una relación de pensamiento de estructurado con la herramienta.
Por ejemplo, TechTiff, una creadora de contenido sobre tecnología, pasó de pedirle a la IA que le generara publicaciones a sentarse con ella a analizar patrones de engagement, debatir estrategias y co-crear su narrativa. Pasó de 0 a 100.000 seguidores. No porque la IA le escribiera mejor contenido, sino porque le ayudó a pensar mejor su estrategia.
Otros líderes han creado modelos entrenados con su biografía, su voz, sus tensiones como líder, y lo usan como espejo intelectual.
No para que le diga qué hacer, sino para presionar sus propias ideas, encontrar puntos ciegos y afinar su pensamiento antes de tomar decisiones.
Un “el espacio intermedio” entre humano e IA: un lugar donde ambos contribuyen con ideas, donde lo que emerge es más que lo que cualquiera de los dos podría generar solo.
La pregunta incómoda
Si la IA te está dando respuestas genéricas y aburridas, te tengo una noticia: el problema no es la IA per-se, es la calidad de tus preguntas e intereacciones.
Y más concretamente, es la calidad de tu proceso de pensamiento.
Woods tiene una frase que no me puedo sacar de la cabeza: “Si consideras que la IA es un Google más sofisticado o una herramienta para escribir mejores correos, te estás vendiendo mal.”
La IA no te va a reemplazar.
Pero un líder que piensa con IA va a tomar decisiones más rápidas, más informadas y con menos puntos ciegos que uno que no lo hace.
Y esa brecha se está abriendo todos los días.
Esto no es sobre tecnología
Lo que estoy describiendo no es una competencia técnica.
No necesitas saber programar ni entender redes neuronales. Lo que necesitas es un cambio de mentalidad: pasar de “¿cómo resuelvo esto?” a “¿cómo puede la IA ayudarme a resolver esto mejor?”.
Es pasar de la extracción a la colaboración. De lo transaccional a lo relacional. De usar una herramienta a cultivar un socio de pensamiento.
Y como toda buena sociedad, requiere que tú también pongas algo sobre la mesa: contexto, criterio, experiencia, las preguntas correctas.
La IA amplifica lo que tú le das. Si le das poco, te devuelve poco. Si le das tu mejor pensamiento, te devuelve algo que no esperabas.
El verdadero salto con la IA no es tecnológico. Es cognitivo.
La pregunta no es si vas a usar inteligencia artificial. La pregunta es si vas a dejar que cambie la forma en que piensas.